El peligro de depender de las redes sociales

En muy poco tiempo, las redes sociales han crecido en uso y popularidad hasta convertirse en uno de los canales de comunicación más importantes del planeta. Aun siendo creadas para socializar, hoy en día usamos las redes para prácticamente de todo: grabar y editar fotos y vídeos, retransmitir en vivo, publicar anuncios, vender productos, etc.

Las capacidades comunicativas de las redes sociales rivalizan incluso con los medios de comunicación tradicionales. Plataformas como YouTube y Twitch se usan para emitir contenidos audiovisuales con audiencias que igualan o superan las de la televisión. Una publicación en Instagram o Facebook, anunciando un producto nuevo, llegará a más ojos que cualquier cartel en la calle.

Entonces, si las redes sociales son tan potentes, ¿por qué depender de ellas puede ser peligroso? Hay varios aspectos que pueden desencadenarlo.

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Una montaña rusa interminable 

En realidad, no es que sea peligroso, pero depender de las redes sociales puede ser muy precario. Lo que funciona hoy puede ser un desastre mañana, y un error grave se puede convertir en la ruina. Estas son algunas de las dificultades que surgen en redes sociales:

No solo debes gustar a las personas, también a una máquina. 

No todo el mundo se da cuenta de que en las redes sociales habita un ser invisible y con un poder decisor absoluto. Ese es el algoritmo, una especie de inteligencia artificial que muestra publicaciones a los usuarios en función de su contenido. 

Este algoritmo analiza cada publicación y decide si su contenido es más apto o menos apto para alcanzar según qué usuarios. Hay tipos de contenido que “agrada” más al algoritmo que otros tipos, y por ese motivo será recomendado a más gente.

Entender los gustos de las personas no es tan complicado, pero entender las preferencias de una función matemática supone algo casi imposible de alcanzar, ya que puede cambiar en cualquier momento.

El contenido en redes sociales es de usar y tirar.

Admitámoslo, por muchos “me gusta” que demos, por muchas veces que compartamos, lo que vemos en redes sociales pasa al olvido rápidamente. Aun teniendo la opción de guardar publicaciones, raras veces recordamos que están ahí. Simplemente recibimos contenido, lo visualizamos y pasamos al siguiente, dejando al resto enterrado. Y este concepto va estrechamente ligado al siguiente.

Los usuarios disponen de poca atención.

Está comprobado que el tiempo de atención que reciben de media los contenidos en redes sociales es de 6 a 8 segundos, y eso si se paran a mirarlo. Esto significa que destacar en canales digitales puede ser extremadamente difícil. Llamar la atención está lleno de variables que dependen del usuario, de su estado de ánimo y de su predisposición perceptiva. A veces no basta con publicar contenido atractivo porque a lo mejor lo pasan de largo o no interesa en ese momento, lo que lleva al punto anterior.

Les gustas por fuera.

Pongamos que somos un estudio de diseño de muebles y nuestras publicaciones consisten en fotografías de los productos que fabricamos. Dichas publicaciones son vistas por numerosos usuarios y reciben otras tantas interacciones. ¿Significa esto que quienes han dado “me gusta” a la foto vendrán a comprar el día siguiente? En casos como este, es más probable que dichos usuarios sencillamente les haya gustado la foto y ni siquiera hayan considerado comprar el producto. Al fin y al cabo, las redes sociales son también canales de entretenimiento y nada garantiza ventas seguras e inmediatas.

Recuerda, todo el mundo está mirando.

Mantener una actividad constante en las redes sociales supone entender que todo aquello que se dice y todo lo que se comparte, puede llegar rápidamente a cualquier parte del mundo. Por ese motivo hay que cuidar la imagen que damos al mundo para mantener una reputación positiva. Si algo sale bien, estupendo, todo irá como la seda. Pero si algo sale mal, pronto se convertirá en un lastre difícil de quitar. Los errores públicos suelen causar más difusión que los éxitos, por eso hay que cuidar los detalles en todo aquello se comparte y asegurar relaciones correctas con otros usuarios.

 

Divide y vencerás

La idea de explotar el uso de las redes sociales, para una marca o negocio, es sin duda muy atractiva. Promete un sin fin de audiencias, interacciones rápidas y oportunidades de negocio. Sin embargo, apostar únicamente a estos canales, hace que los peligros explicados antes se hagan mucho más presentes. Para evitar sucumbir a esta precariedad existen soluciones efectivas:

En tu web como en tu casa.

Cierto, las páginas web siguen siendo un canal digital. Sin embargo, mientras que las redes sociales son como un mercado pescadero donde cada uno grita a voces para conseguir clientes, las páginas web son como establecimientos cerrados y tranquilos. Dentro de un sitio web solo está el usuario y el negocio. Además, disponer de una web sigue transmitiendo confianza y profesionalidad, más que tener cuentas dónde publicar fotos y vídeos.

Confía en tu producto.

De nada sirve difundir en redes sociales si aquello que ofreces, sea lo que sea, no cumple con lo que anuncias. Es más importante centrarse en refinar el producto, o servicio, para luego compartirlo y conseguir interacciones, notoriedad y relevancia. 

Valora tus clientes 

La mejor forma de alcanzar cada vez a más audiencia es a través de la que ya dispones. El trato proactivo con clientes o gente interesada genera un efecto positivo, lo que se traduce en difusión verbal con otras personas. 

 

Mejor como herramienta complementaria

En resumen: no hay que abusar ni depender del uso de redes sociales. Sin duda alguna, son un canal imprescindible para crecer en popularidad y una de las mejores formas de generar comunicación de marca. No obstante, hay que dejar las redes a medias con otros canales que podamos controlar al 100%. Y, sobre todo, potenciar el valor de los medios que ya disponemos.

 

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